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¿Adiestramiento canino o educación canina?

Adiestramiento canino y educación canina suenan diferente.

Adiestrar y educar son verbos con significados similares, aunque con ligeros matices. Adiestrar se utiliza más comúnmente para referirnos a habilidades físicas, y educar se identifica más con el desarrollo de afectos, comportamientos y habilidades no físicas.

En este sentido, es diferente adiestrar que educar, tanto a perros como a humanos.

Siempre he pensado que la enseñanza humana tradicional carece de educación emocional, y que muchos de los problemas de convivencia (entre humanos) están derivados del desconocimiento de nosotros mismos por dentro: en la educación tradicional, no nos proporcionan herramientas para conocer a los demás, ponernos en su lugar y salir de nosotros mismos.

Afortunadamente, la conciencia humana está evolucionando, y las tendencias en educación cada vez dan más peso a las emociones.

¿Y por qué comparto con vosotros esta reflexión?

Porque el otro día, en una conversación con Laura Martín, la experta educadora canina de convivirconperro, me explicó los diferentes métodos de educación canina que se han utilizado, y que se están utilizando a día de hoy, y cuál ha sido su evolución.

Y la evolución de las diferentes corrientes educativas, tiene mucho (todo) que ver con el cambio de conciencia humana.

No hace falta que os diga cuál es nuestra idea sobre educación, y sí me parece interesante conocer qué es lo que nos podemos encontrar a nuestro alrededor.

 

educación canina: perro mira atento

 

Evolución de los métodos de educación canina

 

La educación canina ha evolucionado: desde una educación tradicional, a una educación en positivo, hasta una educación constructivista:

  • Educación tradicional:

Aunque para humanos hace ya tiempo que no se utiliza en las aulas (al menos en los países desarrollados), en educación canina, todavía hay quien utiliza el castigo para corregir conductas no deseadas.

  • Educación en positivo

La educación en positivo se basa en premiar los comportamientos buenos (lo que el perro hace bien) y, si acaso, ignorar las conductas no deseadas (“castigar” con la indiferencia lo que consideramos que el perro hace mal).

  • Educación constructivista

La educación constructivista va un paso más lejos: se basa en atender a las necesidades del perro y respetar sus emociones.

No es tanto estar siempre pendiente de premiar lo que hace bien, sino identificar sus  necesidades para anticiparse y permitir que las satisfaga de una forma que sea válida tanto para el perro como para ti.

Si tu perro tiene miedo, su mayor recompensa no es que le des un premio por hacer un comportamiento determinado, sino que desaparezca lo que le está haciendo sentir ese miedo. Tu perro quiere dejar de sufrir.

El perro tiene emociones básicas iguales a las de los humanos.

La base de los comportamientos que no suelen gustarnos de nuestro perro es el miedo, que no se cura con premios. Hay que tratar la emoción con profundidad, ver qué lo está produciendo y después tratarlo con el perro y con el humano. El tratamiento consistirá en trabajar la calma, la confianza, la seguridad, adaptar las rutinas, solucionar etapas de desarrollo… Todo esto mejorará, sin duda, la convivencia.”, comenta Laura.

Si quieres profundizar más en este tipo de educación, te recomendamos la lectura del libro “Valores y principios de la educación canina”, por Jordi Herrera, Nicolás Planterose y Albert Vilardell.

 

Para los humanos la educación emocional es la que nos permite crecer como personas, y para los canes, la educación constructivista les permite ser comprendidos, respetados, lo que redunda en una convivencia mucho más tranquila y feliz.

 

 

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